Civilizacion Egipcia: vida de los esclavos

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Esclavitud Egipcia agosto 20, 2008

Archivado en: Uncategorized — Ronid Figueroa @ 1:58 am

En el Antiguo Egipto , los esclavos eran gente sin derechos, obligadas a realizar duras tareas en las que los azotes podían ser habituales, y que serían perseguidas hasta la extenuación en caso de huida. Entre sus funciones, eran muy variadas, podian ir desde la extracción de piedras o metales en  canteras y minas, hasta la construcción de diques y limpieza de canales para un mejor aprovechamiento de las aguas del Nilo, pasando por el desarrollo de tareas agrícolas. Los esclavos eran propiedad exclusiva del Faraón, el cual tomó la costumbre de regalarlos en ocasiones a aquellos cortesanos que se hubiesen hecho acreedores de tal premio, los cuales desde ese momento podían venderlos, comprarlos, o alquilarlos para que trabajaran para otros, y la condición del esclavo no era irreversible.

 

 

 

En Egipto existía la esclavitud, pero no en el sentido clásico de la palabra. Los siervos “forzosos” tenían derechos legales, percibían salario y hasta podían ser ascendidos. Los malos tratos no eran frecuentes, y cuando ocurrían, el esclavo tenía derecho a reclamar ante los tribunales, aunque únicamente si el castigo había sido injusto. Para servir en las mejores familias incluso había voluntarios. A veces, personas arruinadas se vendían a sí mismas a familias de buena posición. Los esclavos adscritos al servicio doméstico podían considerárseles afortunados. Además de alojamiento y comida, su dueño estaba obligado a suministrarles una cantidad de telas, aceites y vestidos.

Nadie puede negar desde luego que en Egipto hubo esclavos, pero estos no representaban la generalidad, sino una insignificante minoría formada por prisioneros de guerra extranjeros, (principalmente libios y nubios durante el Reino Antiguo, y sirios y palestinos durante el Nuevo), un colectivo al que algunos autores añaden los ciudadanos del propio país que perdieron su libertad tras haber sido condenados por un delito, aunque estos últimos si bien estaban sometidos al mismo régimen de trabajos forzados de los anteriores, no por ello tenían igual consideración. En cualquiera de los casos eran desde luego gentes sin derechos, obligadas a realizar duras tareas en las que los azotes podían ser habituales, y que serían perseguidas hasta la extenuación en caso de huida. Respecto a sus funciones eran muy variadas, pues iban desde la extracción de piedras o metales en las canteras y minas, hasta la construcción de diques y limpieza de canales para un mejor aprovechamiento de las aguas del Nilo, pasando por el desarrollo de tareas agrícolas.

 

 

 
 

 

 

Las distintas funciones asumidas por estos cautivos podían hacerles desempeñar desde labores domésticas al servicio de estos nobles o sacerdotes, hasta trabajos de tipo agrícola. Pero realmente fue el arte de la guerra el que creó un flujo de esclavitud hacia Egipto derivándolos a puestos específicos en el ejército, no como mercenarios, y recibiendo también por sus servicios donaciones de tierras para su explotación agrícola. El motivo de este creciente número de esclavos o prisioneros de guerra que se estaba produciendo se debía al fuerte empuje que se le estaba dando a la guerra tras las diferencias con los hicsos. No es hasta el Imperio Nuevo cuando podemos confirmar la existencia de una auténtica diferenciación entre el hombre libre y el esclavo amparado en el valor jurídico de cada clase social. La posición y las funciones del esclavo también iban sufriendo modificaciones; se habían convertido en moneda de pago en el desembolso de tributos de guerra, podían ser incluidos en una herencia, participaban en la eficacia de la defensa de la Marina egipcia empleados en los remos de las barcas o como líderes de campañas como oficiales del ejército, hecho asombroso pero constatado a partir del elevado número de hombres con nombres asiáticos en tales puestos de importancia.

 

Otras funciones asumidas por los esclavos era la de sirvientes personales de individuos: unos pertenecían al estado desempeñando labores en templos, donde se convertían en inquilinos del Estado que se movían a sus anchas, o en casas de nobles adscritos a servicios domésticos. Estos últimos eran los más afortunados ya que disfrutaban tanto de alojamiento como de comida y su dueño estaba obligado a suministrarles una cantidad de telas, aceites y vestidos. Para servir en las mejores familias incluso había voluntarios llegando a sus puertas arruinadas que se vendían a sí mismas por una mejora en su posición. Una esclavitud que sería abolida al final del Antiguo Egipto.

 

 
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